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viernes, 27 de julio de 2012 2 comentarios

CIEN AÑOS DE SOLEDAD - GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ - OBRA COMPLETA

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AUDIO: Grupo Editorial Random House Mondadori. Leido por Peter hill.
DURACIÓN: 11:47:13

 

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Cien años de soledad

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
CIEN AÑOS DE SOLEDAD



"Cien años de soledad", novela del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez. Considerada una obra maestra de la literatura hispanoamericana y universal, es una de las obras más traducidas y leídas en español. Fue catalogada como una de las obras más importantes de la lengua castellana durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias en marzo de 2007.


La primera edición de la novela fue publicada en Buenos Aires en mayo de 1967 por la editorial Sudamericana con una gran acogida por parte de la crítica y del público, tuvo un tiraje inicial de 8.000 ejemplares; hasta la fecha se han vendido más de 30 millones de ejemplares y ha sido traducida a 35 idiomas, consagrando a García Márquez como uno de los grandes escritores de nuestro tiempo.

La novela fue dedicada por el autor a Jomi García Ascot y a su esposa, María Luisa Elío Bernal.


Fue escrita durante dieciocho meses, entre 1965 y 1966 en Ciudad de México, y se publicó por primera vez a mediados de 1967 en Buenos Aires.  La idea original de esta obra surge en 1952 durante un viaje que realiza el autor a su pueblo natal, Aracataca, en compañía de su madre. En su cuento "Un día después del sábado" publicado en 1954, hace referencia por primera vez a Macondo, y varios de los personajes de esta obra aparecen en algunos de sus cuentos y novelas anteriores.


Gabriel García Márquez inicialmente le presentó "Cien años de Soledad" a Carlos Barral, quien a mediados de los años 60 dirigía la que en ese entonces era la editorial de vanguardia en lengua castellana Seix Barral, pero Carlos Barral le dijo a García Márquez: Yo creo que esa novela no va a tener éxito, yo creo que esa novela no sirve. Sin embargo, García Márquez no cesó y logró que Sudamericana le editase el libro.

En un comienzo, pensó en titular su novela "La casa", pero se decidió por "Cien años de soledad" para evitar confusiones con la novela "La casa grande", publicada en 1954 por su amigo, el escritor Álvaro Cepeda Samudio. La primera edición de "Cien años de soledad" fue publicada el 5 de junio de 1967 por la editorial Sudamericana de Buenos Aires a donde fueron enviados los originales por correo divididos en dos partes, porque debido a las dificultades económicas del escritor no pudieron pagar el primer envío completo.

El libro se compone de 20 capítulos no titulados, en los cuales se narra una historia con una estructura cíclica temporal, ya que los acontecimientos del pueblo y de la familia Buendía, así como los nombres de los personajes se repiten una y otra vez, fusionando la fantasía con la realidad. En los tres primeros capítulos se narra el éxodo de un grupo de familias y el establecimiento del pueblo de Macondo, desde el capítulo 4 hasta el 16 se trata el desarrollo económico, político y social del pueblo y los últimos cuatro capítulos narran su decadencia.

La más reciente edición del libro es del año 2007, publicada en un esfuerzo conjunto de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española para rendir un homenaje a su autor a propósito de sus ochenta años de edad y de cumplirse 40 de la publicación del libro.


Cien años de soledad

"Cien años de soledad" relata el origen, la evolución y la ruina de Macondo, una aldea imaginaria que había hecho su aparición en las tres novelas cortas que su autor había publicado con anterioridad. Estructurada como una saga familiar, la historia de la estirpe de los Buendía se extiende por más de cien años, y cuenta con seis generaciones para hacerlo.

La crónica de los Buendía, que acumula una gran cantidad de episodios fantásticos, divertidos y violentos, y la de Macondo, desde su fundación hasta su fin, representan el ciclo completo de una cultura y un mundo. El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo.
El realismo mágico (también llamado lo real maravilloso) hace posible que la objetividad de la vida material se vea matizada por la subjetividad de la fantasía. Lo insólito (situaciones parecidas a los cuentos de hadas, levitaciones, premoniciones, la extrasensorialidad presente) da lugar a una atmósfera mágica que atenúa la miseria social y humana, de forma que lo mágico subraya la dureza y desajuste de la realidad, la violencia que domina la vida cotidiana.

Argumento

Dos familias, la de los Buendía y los Iguarán, han acabado por dar luz a un muchacho con cola de iguana a fuerza de casarse entre sí. Úrsula Iguarán, recién casada con José Arcadio Buendía, se niega a que el matrimonio se consume por temor a que también les nazca un hijo con cola. Ello da pie a que Prudencio Aguilar eche en cara José Arcadio su poco valor. José Arcadio acaba matándole por su provocación, pero el muerto se le aparece constantemente.

Huyendo del fantasma del muerto, y al frente de un grupo de compañeros, José Arcadio llega a una aldea de apenas "veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río" y se queda a vivir en ella. Esta aldea se llama Macondo, mítico escenario de ésta y otras obras del autor. El único contacto que sus habitantes tienen con el exterior lo constituyen las periódicas visitas de unos gitanos capitaneados por un tal Melquíades, que, además de conocer el sánscrito, introducen en Macondo el hielo y el imán.

El libro se inicia, precisamente cuando Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, hijo de José Arcadio, recuerda aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Así comienza el libro, pero no la historia, que abarca, en realidad, cuatrocientos años y nos informa acerca de innumerables antepasados de José Arcadio y de su esposa Úrsula, revelando en su construcción, como gran parte de la narrativa hispanoamericana del momento, la influencia de Faulkner: su acción no avanza de manera cronológica, sino a brincos, por flashes que nos permiten conocer fragmentos de ella y sólo luego, al final, proporcionamos una visión global.

El suceso más antiguo relatado en la obra ocurre en 1573, en una casa de Riohacha asaltada por Francis Drake. Después del asalto del inglés, una antepasada de Úrsula, casada con un aragonés trasplantado a Colombia, se asusta tanto que comienza a sufrir pesadillas protagonizadas por el pirata penetrando con sus perros por las ventanas del dormitorio. Para ahuyentar las pesadillas, el matrimonio se traslade a una ranchería del interior, donde conocen a los Buendía, unos criollos cultivadores de tabaco.

Un tataranieto del criollo se casa con una tataranieta del aragonés, y a partir de entonces las familias no dejarán de mezclar su sangre a lo largo de los tres siglos siguientes, hasta llegar a los ya citados José Arcadio y Úrsula, que tienen tres hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta. El viejo José Arcadio muere loco de tanto estudiar, atado a un árbol del patio, y tras su muerte cae lluvia de flores. No es éste el único momento mágico de la novela.
José Arcadio hijo se casa con Rebeca, una prima lejana, por lo que su madre, encolerizada por que teme que puedan tener hijos con cola de iguana, la echa de casa. Cuando José Arcadio aparece muerto, Rebeca se encierra en la casa donde vivirá con Arcadio, un hijo bastardo que José Arcadio ha tenido con Pilar Ternera, una mujer del pueblo que también le ha dado un hijo (José Aureliano) a su hermano Aureliano.

Antes de morir fusilado por liberal, este Arcadio tendrá tres hijos con Santa Sofía de la Piedad: Remedios, José Arcadio Segundo y su gemelo Aureliano Segundo. A Remedios, que es muy bonita pero no brilla por su inteligencia, le pasa lo mismo que a su tía abuela Amaranta: los hombres que a ella le gustan no la quieren, y los que la quieren no le gustan. Cuando muere, después de habérsele muerto todos los novios, sube al cielo.

Respecto a Aureliano, se casó con una hermosa niña llamada también Remedios, la cual muere de un mal embarazo antes de cumplir un año. Aureliano organiza un ejército del que se nombra coronel y se marcha a luchar contra los conservadores. En el transcurso de veinte años participará en treinta y dos guerras civiles, que perderá indefectiblemente debido a la tristeza que le embarga, por lo que al final, cansado, firma la paz y regresa a Macondo, donde pasa el tiempo confeccionando pescaditos de oro, lo mismo que hacía antes de casarse, que luego deshace como Penélope hacía con su tela. Ello no le impide tener diecisiete hijos, uno de los cuales, llamado también Aureliano, será quien lleve el tren a Macondo.

Aureliano Segundo se enamora de Fernanda, una mujer muy hermosa, reina de Madagascar, emparentada con los Duques de Alba, que aparece en Macondo durante el carnaval. A pesar de que ignora donde vive, Aureliano Segundo sale en su busca, la encuentra, se casan y viven felices en la casa de Úrsula, a pesar de que el matrimonio corre peligro de naufragar porque Aureliano mantiene relaciones extraconyugales con Petra Cocer; pero como ésta les abastece de ganado, Fernanda acepta el hecho sin pestañear. El matrimonio tiene tres hijos: Meme, José Arcadio Tercero (al que la vieja Ursula manda a estudiar a Roma para que llegue a ser Papa), y Amaranta Úrsula.

José Arcadio Segundo es nombrado capataz de una compañía platanera dirigida por extranjeros, e interviene en una huelga con tres mil compañeros que morirán ametrallados en la plaza de la estación de Macondo. Único superviviente de la matanza, hasta la muerte de su hermano gemelo vivirá encerrado en una habitación donde se encuentran varias docenas de bacinillas.

Comienza a llover, una lluvia que ha de durar cuatro años, y cuando deja de hacerlo el ganado proporcionado por Petra ha muerto y la casa se ha reblandecido. Lo poco que aún queda de ella lo derriba Aureliano Segundo buscando la hipotética fortuna de la vieja Úrsula. Los únicos a quienes el temporal no ha afectado son Aureliano Babilonia, bastardo de Meme, y Amaranta Úrsula, la hija menor de Fernanda. Al poco tiempo, muere Amaranta, que ha hecho un pacto con la muerte durante un concierto de Meme; después muere Rebeca y después Arcadio Segundo. El mismo día, su madre, tal como le había prometido, degüella a su gemelo, para evitar que le entierren vivo.

En la casa sólo quedan Aureliano Babilonia, el bastardo de Meme, al que Fernanda, avergonzada, ha ocultado, y Fernanda, que pasa el tiempo escribiendo a sus hijos todas las fantasías que se le ocurren. Sintiendo próxima la muerte, se viste de reina y muere con toda dignidad, tras haber escrito unas memorias que lega al estudiante de papa, que vuelve meses después a Macondo sin haber aprobado los estudios. Éste encuentra la fortuna de Úrsula y la gasta con un grupo de chiquillos, pero un día se enfada, los azota y los echa de la casa. Después de una supuesta reconciliación, los chiquillos lo ahogan en la bañera durante una de sus fiestas.

Aureliano Babilonia, que lee cuanto cae en sus manos, queda solo en la casa con Amaranta Úrsula, abandonada por su marido, un belga que sueña con el correo aéreo y que, aunque va a todos lados atado por un hilo de seda a la muñeca de su mujer, la deja para ir en busca de un avión perdido. Al quedar solos, Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula, que ignoran su parentesco, se enamoran y tienen un hijo, que nace con la consabida cola. Amaranta muere de una hemorragia y Aureliano se emborracha y es recogido en la calle por una antigua amante.

Cuando regresa por la mañana a su casa, las hormigas se han comido al niño. Al final, un ciclón se lleva la casa por los aires, mientras Aureliano lee en unos pergaminos del gitano Melquíades la historia de la familia y la profecía de que no durará más que el tiempo de su lectura: "antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".

Macondo quiere ser sin duda un espejo de la realidad de cuanto ocurre no solamente en Colombia, sino en toda Sudamérica, que ha vivido en su soledad, aislada del resto del mundo, con el que sólo ha mantenido esporádicos contactos (los gitanos de Melquíades, que la conquistan a base de maravillas perfectamente comparables con los abalorios y chucherías de que siempre se sirvieron misioneros y conquistadores), pero todo esto tendría escaso valor si no contara con su extraordinaria fabulación, con toda esa magia que se confunde de continuo con la realidad, dando lugar a un mundo mítico creado mediante un lenguaje de gran fuerza expresiva.



ARBOL GENEALOGICO
DE
"CIEN AÑOS DE SOLEDAD"

sábado, 5 de mayo de 2012 0 comentarios

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ - 1985

 

   





EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA
Fermina Daza y Florentino Ariza protagonizan uno de los romances más hermosos de la literatura

La muerte y el amor, esos son los temas de "El amor en los tiempos del cólera". No hay amor sin muerte y eso lo comprendió Gabriel García Márquez cuando, en un viaje parecido al que nunca terminó Florentino Ariza con rumbo a Santa Fe para olvidarse de Fermina Daza, recaló en Zipaquirá y leyó a don Francisco de Quevedo. Los versos de Amor constante más allá de la muerte de Quevedo fueron definitivos: "Cerrar podrá mis ojos la postrera / Sombra que me llevare el blanco día, / Y podrá desatar esta alma mía / Hora a su afán ansioso lisonjera". Y eso, en efecto, es lo que siente Florentino Ariza el día en que conoce a Fermina Daza: morir, si fuera preciso, por el amor de esa escolar en la que empeña toda la vida y a la que ve pasar tantas mañanas sentado en el parquecito con su "andar de venada", aquella "doncella imposible con el uniforme de rayas azules, las medias con ligas hasta las rodillas, los botines masculinos de cordones cruzados, y una sola trenza gruesa con lazo en el extremo que le colgaba en la espalda hasta la cintura". Esa misma cabellera que, dos años después, Fermina Daza se cortará para jurar fidelidad a un Florentino Ariza inconsolable que la ve partir hacia los pueblos de la sierra y del valle, pues el padre de su venada, don Lorenzo Daza, ha decidido separarlos para siempre.

Pero es una novela de muerte, además, porque comienza con un cadáver: el de Jeremiah Saint-Amour, que se suicida con una dosis de cianuro de oro. Cincuenta páginas más adelante, Juvenal Urbino, su amigo de mesa de ajedrez, muere tratando de bajar su loro de un palo de mango. Ese es el día que Florentino Ariza ha estado esperando durante más de medio siglo y todo el motivo de la novela.

Será porque en este mundo "nada es más difícil que el amor" que Florentino Ariza decide esperarla el tiempo que sea necesario. La espera, primero, durante un buen tiempo sentado en el parque. La aguarda cuando ella acepta su petición de matrimonio. Luego se sienta a escribirle sonetos floridos que le envía a los pueblos por los que ella pasa tras de convencer a todos los telegrafistas del Caribe para que le hagan llegar sus palabras. Florentino Ariza confía, por lo tanto, en que el amor puede derrotar a la muerte. Así, se obstina a pesar de que ella, Fermina Daza, al volver a Cartagena sólo le dice: "No, por favor, olvídelo". Entonces su decisión, y su terquedad, no encuentra otra manera distinta a seguir amando para soportar el dolor de no estar con ella. Y lo comprende mucho después: "El amor como un estado de gracia que no era un medio para nada, sino un origen y un fin en sí mismo".

A partir de allí, García Márquez hace lo que sabe hacer mejor. Lo que aprendió de Faulkner y de Conrad y de Hemingway y de tantos otros: abrir una elipsis, dejar suspendido un reencuentro que los lectores ya sabemos que sucederá, pero no cómo sucederá. En ese paréntesis Fermina Daza se casa con el prominente doctor Urbino, se va de viaje a París, conoce la tranquilidad del amor, pero jamás se acomoda a no sentir nunca más el ardor que abrigó cuando aún adolescente conoció a Florentino Ariza. Fermina Daza comprende que su verdadero amor ya no es una persona sino una sombra, y que en el matrimonio lo problemático es "aprender a manejar el tedio". Ella sabe que nada tiene remedio y que "la memoria del pasado no redimía el futuro".

Pero si Fermina Daza no confía en la memoria como redención, Florentino sí lo hace y se aferra a su vida de halconero sin sosiego, de cazador nocturno, de hombre de paso, de cazador silencioso, y comprende que siempre que "se encontraba al borde de un cataclismo, le hacía falta el amparo de una mujer". Decide transformarlas a todas en Fermina, y en sus cuerpos la encuentra: en la piel de Rosalba, que lo desvirga en las aguas del Magdalena; en la viuda de Nazaret, en Ausencia Santander, en Divina Pastora, en Sara Noriega, en Olimpia Zuleta y en tantas otras. Así, cuando Juvenal Urbino muere, Florentino ha aprendido la lección: en vez de cartas de amor, escribe un tratado sobre el amor. Ciento treinta y dos cartas, un año más tarde de la viudez de Fermina Daza, por fin pueden comenzar su viaje definitivo.

Entonces, uno, como lector, respira tranquilo después de ese largo y conmovedor paréntesis de casi 300 páginas, escrito palabra por palabra con la conciencia de quien no quiere hablar del amor de manera lastimera, y menos, cursi. Es el libro que siempre soñó con escribir, ha dicho García Márquez. Es, para no obviar la biografía, el homenaje a la historia de amor de sus padres: un telegrafista y una muchacha pudiente. Uno, decía, puede dejarlos ir por las aguas del río de la Magdalena a bordo del vapor Nueva Fidelidad y comprender su pavor ante la piel ajada del otro. Puede recordar y sentir y saber por qué esta es una de las novelas definitivas de los últimos 25 años y una de las más bellas escritas jamás: el amor ha vencido a la muerte, el escritor ha sabido incorporar su propia sabiduría del mundo femenino y ha inventado para nosotros un universo que muchos soñamos cuando nos enamoramos de alguien. Florentino Ariza compra el espejo del Portal de Don Sancho en donde se ha reflejado Fermina Daza, Alicia salta hacia este mundo, el corazón deja de ser un cazador solitario, y en medio de la epidemia, de las guerras civiles, del cólera, de la enfermedad como metáfora -o mera constatación-, ese amor triunfa por una única vez a pesar de que, con la bandera amarilla izada en el asta del vapor que se pierde hacia el Magdalena, los dos sepan que después del amor se enfrentarán a la muerte. Y esta vez, para fortuna de todos, no a la muerte del amor: "polvo serán, mas polvo enamorado", dice Quevedo.

Juan David Correa Ulloa 

Periodista colombiano. Editor de la Revista Arcadia






 
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